lunes, 18 de junio de 2007

MANUEL GARCIA, UN MITO DEL CANTO


Javier Pérez Senz


El 56º Festival Internacional de Música y Danza de Granada levanta el telón con la recuperación de la ópera El califa de Bagdad, del tenor y compositor andaluz Manuel García (Sevilla, 1775-París, 1832), leyenda de la ópera belcantista. El director y clavecinista francés Christophe Rousset dirige este significativo rescate del patrimonio español.
La intrépida vida de Manuel García merecería una película para plasmar su leyenda como merece: compositor de talento, sus tonadillas pusieron de moda lo español en París, gracias a su don para fusionar ritmos populares, como las seguidillas, tiranas y polos, con el lenguaje operístico; tenor mítico, de gran virtuosismo e intérprete favorito de Rossini, que dio vida al primer Almaviva en el estreno de El barbero de Sevilla; maestro y teórico de la moderna escuela de canto; padre de una saga de cantantes de leyenda como María Malibrán, Pauline Viardot y Manuel Patricio García, inventor del laringoscopio; y empresario amante de riesgos, capaz de introducir la ópera italiana en Nueva York en 1825 con su propia compañía familiar.
Il califfo di Bagdad es una ópera bufa en dos actos con libreto de Andrea Leone Tottola -típica historia de enredos y equívocos de un califa que se hace pasar por bandido para conquistar a una joven sin recursos asediada por un viejo y rico emir- que vuelve a la escena musical en una edición crítica de Alberto Blancafort (Iberautor/Instituto Complutense de Ciencias Musicales). Tendrá como entusiasta valedor a Christophe Rousset, al frente de Les Talens Lyriques, el Coro de la Orquesta Ciudad de Granada y un reparto integrado por los tenores José Manuel Zapata y Emiliano González Toro, la soprano Anna Chierichetti, las mezzos Milena Storti y Manuela Custer y los barítonos Mario Cassi y David Rubiera. El montaje, con dirección de escena de Olivier Simonnet e iluminación de Alexis Kavyrchine, cuenta con vestuario de José Enrique Oña, diseñador de Loewe.
La frescura interpretativa de Rousset, músico que sabe respirar y frasear con los cantantes, amigo de sonoridades claras y luminosas en la orquesta, es una de las bazas del rescate de la primera ópera italiana de García, estrenada en Nápoles en 1813 tras su primera estancia en París, que llegó a la capital francesa cuatro años después. "Es una ópera cómica, con una línea melódica y una ligereza entre Cimarosa y Rossini, con muchos números de conjunto -dúos, tríos, cuartetos-, sin recitativos y con textos hablados. En el aspecto vocal es difícil para los cantantes por el refinamiento de su coloratura", explica Rousset.
"La obra sorprenderá al público por su vis cómica y la frescura de su línea de canto, de una vocalidad cercana a Rossini, pero con giros y acentos propios de un compositor que bebió de las fuentes populares", comenta el clavecinista y director de orquesta francés.
El caso de García es muy curioso. No hay enciclopedia de la ópera ni tratado de técnica canora que no dedique espacio a sus aportaciones como tenor y maestro de canto. Pero de su música -fue empresario y autor de 47 óperas al estilo italiano, francés y español- apenas se conocen algunas tonadillas. "Todos los musicólogos conocen su nombre y también los cantantes, pero casi nadie conoce una sola nota de su música en la actualidad. Por eso creo que esta recuperación, que será grabada por el sello Decca, va a ser una agradable sorpresa para los aficionados".
La curiosidad es una constante en la trayectoria artística de Rousset, que ha sacado del olvido y llevado al disco títulos de Handel, Jommelli, Traetta, y, dentro de su afinidad por el repertorio español, ha prestado especial atención a Vicente Martín y Soler, con Il burbero di buon cuore que dirigirá en noviembre en la próxima temporada del Teatro Real de Madrid. "Me encanta rescatar obras del olvido, es mucho más interesante que continuar siempre haciendo los mismos títulos. Puedes acercarte a las partituras con mayor libertad y frescura, sin el peso de la tradición, y en esa labor debes inspirar a los cantantes".
El retorno de García tiene también acento discográfico. El sello Almaviva lanzó hace sólo unos meses una auténtica joya, la operita en un acto El poeta calculista, con la que obtuvo un éxito colosal en París en 1809: una de sus canciones, el polo "Yo que soy contrabandista" causó furor en los salones parisienses. Vale la pena escuchar esta obra para hacerse una cabal idea del don melódico y la difícil escritura vocal de García, que sabía explorar a fondo las posibilidades del tenor como cantante e intérprete. En una de las escenas, el tenor Mark Tucker ha de cantar un dúo imitando la voz de soprano. La versión, con la encantadora soprano Ruth Rosique, está dirigida por Andrea Marcon al frente de la Orquesta Ciudad de Granada. El disco incluye dos de sus tonadillas, La declaración y El Majo y la Maja.
Su huella también está presente en un seductor álbum doble que Opera Rara dedica a Pauline Viardot, hija de García y su segunda esposa, la soprano Joaquina Briones y hermana de la también legendaria Maria Malibrán. La edición recoge una velada en el londinense Wigmore Hall, con la actriz Fanny Ardant como narradora, que ilustra la personalidad de la diva con una selección de obras de Chopin, Berlioz, Rossini, Gounod, García y la propia Viardot interpretadas por Frederica von Stade, Anna Caterina Antonacci y Vladímir Chernov, acompañadas al piano por David Harper.
El califa de Bagdad, coproducida por la Fundación Caja Madrid y el festival granadino, se estrena en el Palacio de Carlos V (22 y 24 de junio), y después viajará al Teatro de la Zarzuela de Madrid (26) y al Palau de la Música Catalana de Barcelona (28).

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